miércoles, 6 de septiembre de 2023

Las realidades de lo fantástico y de lo verdadero


 
El artículo de Francisco Umpiérrez Sánchez, mi hermano, titulado Realidad, Apariencia e Imagen, lo estudiaremos en la reunión del grupo de estudio El Saber de la Filosofía; la razón: el alto contenido filosófico que encierra el mismo. Aprovechando el estímulo que me ha generado el referido artículo he creado el trabajo que a continuación les muestro.

Partimos del pensamiento de Karl Marx: “El hombre, que solo ha encontrado en la realidad fantástica del cielo, donde buscaba un superhombre, el reflejo de sí mismo, no se sentirá ya inclinado a encontrar solo la apariencia de sí mismo, el no-hombre, donde lo que busca y debe necesariamente buscar es su verdadera realidad.”

 Desmenucemos primero este pensamiento. El hombre busca en la realidad fantástica del cielo. ¿Qué busca ahí?: un superhombre. ¿Qué es un superhombre?: un hombre con sus capacidades hiper multiplicadas. Pero en esa realidad fantástica no ha encontrado a un superhombre sino que, por el contrario, lo único que ha encontrado es el reflejo de sí mismo, la apariencia de sí mismo. En una sociedad más avanzada, en relación a la sociedad en la que vivimos el hombre ya no se sentirá inclinado a buscar solo la apariencia de sí mismo, sino que buscará y deberá buscar  su verdadera realidad. Es el mundo venidero, si la humanidad no cae en la barbarie, el mundo donde el hombre domina lo que produce y no lo que produce lo domina a él. Por ejemplo, el mercado capitalista, un producto del hombre, hace posible la existencia de futbolistas estrellas, que forman parte de la clase capitalista: hace poco tiempo se pagó por uno de estos jugadores estrellas 222 millones de euros. Al tiempo que esto sucede casi la mitad de la población mundial sobrevive con menos de cinco dólares al día. Esta bárbara y criminal desigualdad social se presenta al común de los mortales como algo lógico y justo: “al futbolista le pagan mucho porque el lo genera”; es el pensamiento de la ideología dominante. El mercado, un producto del hombre, lo domina a él, en lugar del el hombre dominar al mercado. La verdadera realidad es que el futbolista se ha apropia, por la vía del consumo, de una riqueza que es fruto de trabajo ajeno. Pero estamos aún lejos de que el hombre busque su verdadera realidad.
En este pensamiento de Marx aparecen como opuestos la realidad de lo fantástico y  la realidad de lo verdadero. Pensemos en la historia de Spiderman, el Hombre Araña. Peter Parker, la identidad secreta de Spiderman, es dos personas en una: Peter Parker y Spiderman. Peter Parker, un muchacho huérfano, muy estudioso, un hombre enclenque, incapaz de poder enfrentarse a los clásicos matones de barrio, adopta otra persona que es capaz, en la realidad de lo fantástico, de enfrentarse a seres super poderosos y malvados que pertenecen también a la realidad de lo fantástico.
Spiderman no es un héroe, es un superhéroe. Un héroe es, por ejemplo, un bombero, que  en un determinado momento es capaz de poner en riesgo su vida para salvar a una persona que está en peligro. Es un superhéroe en el sentido de que tiene multiplicada sus capacidades como hombre, y no solo como hombre, también como araña, es una super araña. En la realidad verdadera Peter Parker es incapaz de enfrentarse a una diminuta lagartija, en la realidad fantástica, Peter Parker, transformado en Spiderman, es capaz de enfrentarse a los poderes malignos más descomunales.
La industria del cine americano siempre presenta la lucha en contra del crimen como un asunto individual, no como un asunto social: Un heroico policía que se enfrenta él solo al poder más criminal de la mafia, o un superhombre que se enfrenta a poderes mucho más gigantes que el poder de la mafia. No se representa al hombre como alguien que se multiplica a través de lo social, en la realidad de lo verdadero, sino que se representa al hombre que se multiplica individualmente a través de superpoderes que acontecen en la realidad de lo fantástico.




martes, 29 de agosto de 2023

Estudio de color

Estudio de color en Las Señoritas de Avignon, de Pablo Picasso.

Partiendo del color de la figura central, se juega con la armonía complementaria y la doble separación complementaria.

A partir de esa estructura se consiguen múltiples tonalidades por medio del aspecto de la luminosidad.



Por David Campodarve

lunes, 24 de julio de 2023

Sensibilidad (2)


 
Escudriño el diccionario
buscando palabras extraordinarias
para confeccionar versos.
Yo, pobre ignorante,
busco poemas en los diccionarios.
Mientras tanto, cerca de mí,
estalla una guerra, dos hombres
se amenazan con puñales
y se ofrecen la muerte.
Yo, inmutable, sigo transitando
en medio del ruidoso tráfico de las sílabas,
todavía sin encontrar las palabras bellas.
Por fin, la muerte alcanza
a uno de los hombres y su sangre
desemboca en las páginas de mi diccionario,
lugares ausentes por donde transito.
Todas las palabras, incluidas las extraordinarias,
se ahogan en el rojo y se mueren.
En un desierto sin luz
se transforma mi diccionario:
un libro muerto, desnudo y seco.
Condenado quedo a morir
como poeta de versos gélidos,
huérfanos de emoción, de poesía
y de atinado pensamiento.



Abril 1988

miércoles, 19 de julio de 2023

Sensibilidad

 


 Escudriño el diccionario
buscando palabras extraordinarias
para confeccionar versos.
Yo, pobre ignorante,
busco poemas en los diccionarios.
Mientras tanto, cerca de mí,
estalla una guerra, dos hombres
se amenazan con puñales
y se ofrecen la muerte.
Yo, inmutable, sigo transitando
en medio del ruidoso tráfico de las sílabas,
todavía sin encontrar las palabras bellas.
Por fin, la muerte alcanza
a uno de los hombres, y su sangre
desemboca en las páginas de mi diccionario,
lugares ausentes por donde transito.
Todas las palabras, incluidas las extraordinarias,
se ahogan en el rojo y se mueren.
En un desierto sin luz
se transforma mi diccionario,
un libro muerto, desnudo y seco.
 

Durante tiempo un poema te persigue,
pero tú no te das cuenta,
hasta que llega el día
en el que la sangre te golpea,
entonces lo descubres
y a mil poemas más que lo rodean.
Y es que siempre las cosas
marchan a nuestro lado,
pero no siempre marchamos nosotros
al lado de las cosas.
Si es un perro me muerde.             
                                                                

                                                                                                                                          Abril 1988

A partir de "Durante tiempo un poema te persigue..." el poema se debilita, pierde fuerza, pierde emoción, pierde ritmo, pierde hechura literaria, y sobre todo pierde unidad con el contenido que lo precede. Haré una segunda y definitiva versión, que aparecerá en el blog como: Sensibilidad (2)

lunes, 17 de julio de 2023

Revolución Inversa

 

 

No quiera la Naturaleza
que la locura se suba a los planetas
y se subleven en contra del astro rey,
asesinándole, realizando
así una revolución inversa,
donde el reino de la luz se transforme
en el reino de las tinieblas.
Sobre todo, no quiera la Naturaleza
que, su parte pensante, el Hombre,
encienda una revolución inversa,
asesinando de una pedrada atómica
a su propio planeta, y quedar así
sin lugar donde crecer y sin tiempo
para acabar de escribir su prehistoria.



Abril 1988

 

domingo, 16 de julio de 2023

Nuestro Abandono

  Por  Alejandra Casado Salcedo

Avergonzado por nuestro abandono
el tiempo ha dejado de contarse a sí mismo.
Ha perdido, desconsolado, todo su poder milenario:
las sombras no caminan, las arrugas no brotan,
la identidad no se corrompe, ni despierta
la fruta de temporada.
A manos de tus manos y de las mías,
por culpa de este gesto que nunca acaba,
las agujas del mundo se han dado por vencidas,
y juntos nos reímos de su desgracia.

 

Alejandra forma parte del grupo de estudio El Saber de la Filosofía

sábado, 15 de julio de 2023

Todo necesita un tiempo

 

 

Sin esperar a tener,
quise poner en orden
lo que no tenía
y conseguí el caos.
Cuando tuve algo
de lo que quería tener, obré
como si lo tuviera todo,
tratando de imponer el orden,
y, de nuevo, sobrevino el caos.
Tanto caos acabó por arrastrarme
hacia el precipicio
de la desesperación y de la impotencia.
Caí y fui a parar al universo negativo
de las estrellas sin luz.
Y nunca más, nunca,
pude empezar, ni acabar, un poema,
ni tan siquiera
un solo verso desordenado.



Mayo 1989


lunes, 10 de julio de 2023

Producir es negar

 

 Todo lo que aparece entre comillas es palabra de Georg Hegel.
“Si algo debe ser producido, otra cosa tiene que ser el punto de partida; y precisamente esto otro es negado”.
El punto de partida es el algodón, con él produzco hilo, el hilo es la negación del algodón; esta negación consiste en un cambio de forma. El punto de partida es el hilo, con él produzco una camisa, la camisa es la negación del hilo; nuevamente, esta negación consiste en un cambio de forma. Ambas negaciones no son destructivas sino constructivas, dado que en el hilo se conserva el algodón, y en la camisa se conserva el hilo. A partir de un tronco de árbol produzco tablas, las tablas son la negación del tronco de árbol. A partir de esas tablas produzco una mesa; la mesa es la negación de las tablas. Nuevamente, ambas negaciones consisten en un cambio en la forma, y ambas negaciones no son destructivas sino constructivas.

“El pensar es, de esta manera, la negación del modo natural de vida. Por ejemplo, el niño existe como hombre, pero todavía de un modo natural, inmediato; la educación es entonces la negación de este modo natural.”
Aprovechamos para distinguir entre lo inmediato y lo mediado. Inmediato es que un niño se alimente de la teta de su madre; mediado es cuando, por medio de la educación, come en la mesa con los utensilios apropiados. Ese hombre inmediato que es el niño, ese hombre natural, es negado por el hombre mediado, por el hombre que recibido educación, por el hombre que piensa. El modo natural de vida, del que el hombre parte, es negado por el hombre que ha sometido su espíritu a una edificación mediante la educación.

“Al principio sucede lo mismo con el espíritu pensante, empezando como movimiento en su forma natural; luego se hace reflexivo, va más allá de su forma natural, es decir, la niega; y, finalmente, comprendiéndose, se realiza. Sobreviene el pensar.”
El sujeto ahora es el espíritu pensante, que inicia su movimiento partiendo de su forma natural; movimiento que lo lleva a ser reflexivo, negando así su forma natural.
Ahora aparece el concepto de realización. El espíritu pensante, al comprenderse, se realiza; llegamos así al pensar.
Un ejemplo sencillo de realización: Producimos una tortilla de papas, para nuestra pareja, a la que estamos esperando por la noche con toda la ilusión del mundo. Nuestra pareja no llega, nos vamos poniendo a disgusto y vamos perdiendo el control; dominados por la rabia, mandamos la tortilla a la basura. Más tarde nos arrepentiremos, porque nuestra pareja ha sufrido un desmayo, y lo tienen en revisión en el hospital; pero de la basura ya no hay quien saque a la tortilla; así que, al no consumirse, la tortilla no se  realiza, no se  realiza como valor de uso, para ser más exactos. La tortilla se realiza como  valor de uso si se consume.


miércoles, 5 de julio de 2023

Esperando lo nuevo

Entono canciones faltas de respeto
y despierto sin querer
a los muertos moribundos,
policías atómicos,
que detrás de los despachos
y a escondidas, se suenan
los mocos con su bandera patria
de estrellas y de caca.
Aprietan cuando quieren los botones
y marcan teléfonos rojos
para avisos últimos.
Para acallarme, sus críticos,
soldados de pensamientos muertos,
me chillan que ya no sirven mis canciones,
que soy antiguo,
que la revolución ya no se usa.
Y como no les hago caso,
elevando mis gritos sin rendirme,
me escupen, llenos de odio y de rabia,
niños muertos, para matarme.



Agosto 1984


lunes, 3 de julio de 2023

Movimiento muerto

I
En un espacio blanco y negro
el color parece moverse,
el negro se pasa al blanco
y el blanco se pasa al negro.
Al final como al principio:
un espacio blanco y negro.
Hizo el color
un movimiento muerto.

II
El dinero viene,
el dinero va,
el dinero va y no viene,
en la hoguera muere
quien no lo tiene.
Un pobre pobre
se volvió muy rico,
pero solo un pobre.
Un rico rico
se volvió muy pobre,
pero solo un rico.
Al final como al principio:
los pobres no dejan de ser pobres,
los ricos no dejan de ser ricos.
El dinero viene,
el dinero va,
el dinero va y no viene,
en la hoguera muere
quien no lo tiene.

Agosto 1989



martes, 20 de junio de 2023

En tiempos modernos

  


Si lanzo una moneda al aire,
hay una entre un millón
de probabilidades que, al caer,
de canto quede. La lanzo,
sube, se detiene, regresa,
cae y queda de canto.
Presurosos, infinidad de santos
en todas las versiones
exclaman: ¡milagro, milagro!.
Sin hacer ruido, aparto
la exclamación y les digo:
No, milagro no, la probabilidad.
Me vuelven sus ojos
borrachos en ira, me recorren,
me juzgan y, antes de acabarme,
me condenan. Me salen
cadenas en las manos,
cosen mi lengua a mis dientes
con oxidado alambre,
y aún no conformes,
me apagan en la hoguera.


marzo 1984


jueves, 15 de junio de 2023

Sifonía en blanco y negro

 


Amaneciendo
Abrió el firmamento
sus párpados de nubes
y nos miró por un instante.

II Invasión
Y miles de pájaros
con pico de uranio
fueron a pellizcar sus ojos.

III  Huida
Mientras tanto,
la lluvia supone
el suicidio de una nube
triste y negra.

IV Aves negativas
Nuevamente el cielo
abre sus ojos y, con prisas,
los pájaros de pico de uranio
se aproximan.

V Episodio
Sucede también
que las nubes se besan.
Del beso, la muerte
y la tormenta.
Del adiós, el arco iris,
la luz por dentro.


VI La luna, estrella invitada
Cruzando, a mano izquierda,
en la primera bocacalle del Espacio,
un escenario de aire.
En sus tablas bailan
descalzas las palomas.
A pocos segundos de mirada,
en dirección prohibida,
circula distraída la Luna.
¡La vida cómo es,
cómo es la vida,
desprendida de la luz,
la Luna, cuando es de día,
es una nube más,
sola y redonda.

VII Al mediodía
Detrás de la sonrisa ultravioleta
del astro amarillo,
el cielo se asoma más desnudo,
transparente, mostrando sus huesos.

VIII  Carrera de armamentos
Y más pájaros con pico,
con patas, con alas,
con cola, con sangre,
con alma de uranio,
hacia arriba, progresando.

 IX Contaminación
El cielo comienza a desprenderse,
el aire se asfixia y se muere,
la Luna se hunde en la locura,
la Tierra se cae sobre sí misma
y el Hombre de sí mismo escapa,
huyendo como puede.

Una protesta por escrito
Mis ojos, sus niñas,
no tienen donde pasear.
Mis ojos, huyendo de la guerra,
visión cotidiana de la Tierra,
fueron a parar a un firmamento
que era, y que es, una espejo,
cercado también con alambres;
fronteras del aire.

XI Allegro con fuego
¡Los pájaros, pájaros!
¡Pájaros, son pájaros!
¡Todos los pájaros!
¡Los pájaros, pájaros!
Los pájaros se encienden
y comienzan a silbar.


XII  La espada
Una hedionda cagalera atómica
nos no quita el ojo de encima
y hace tic tac, tic tac.

 

XIII  Finale
El cielo, las nubes,
las palomas no se ven,
han huido con el Hombre.
Pero, ya lo sabemos,
redonda es la Tierra,
regresarán aquí
dentro de poco.

1979/1980



domingo, 11 de junio de 2023

Palomas sin alas

                                                                                                                  Olivia

Hasta donde mi memoria alcanza —con el paso de los años, el espacio de tiempo que mi memoria abarca es cada vez más resumido—, dos hombres, nacidos y criados en el barrio de San José, se lanzaron de la azotea abajo. Uno fue José el verano, cuando todavía era niño, movido por una apuesta; el otro fue Joaquín el chaqueta, movido por un desengaño amoroso mezclado con tremenda borrachera, cuando estaba en vísperas de boda. Boda de las de antes: la mujer con el pelo sometido a la férrea dictadura de la laca, el hombre con el pelo engominado, traje negro con corbata pajarita, la mujer con vestido blanco, con cola o sin cola, dependiendo del presupuesto, y muchas fotografías en  blanco negro, con apariciones de sujetos que no conocía nadie, ni por parte de la novia ni por parte del novio, pero era la costumbre, y nunca nadie se manifestó en contra de esa costumbre; Joaquín y su novia también habían hecho acto de presencia  en bodas en las que no fueron invitados y ni siquiera conocían a los novios, pero, era la costumbre. Costumbre también era que, en un velatorio, una señora entrada en años, señora de las de antes, con luto permanente como consecuencia de haber perdido el marido de joven, se sumergiera en un aparatoso ataque y pasara así a ser mucho más importante que el muerto, del que todo el mundo se olvidaba en ese escandaloso y dramático instante; una vez calmadas las aguas, volvían los llantos, los sonoros suspiros, los “Dios lo tenga en la gloria” dedicados al muerto, o a la muerta, que muertas también habían en aquellos tiempos y en éstos, que de la muerte ni el más rico se escapa, la muerte sepulta de golpe las diferencias de clase, por fuera del ataúd se verán diferencias, pero de puertas adentro, adentro del ataúd me refiero, muertos iguales son.

José el verano de la azotea de la que se tiró no era la de sus casa, era la azotea del que apostó con él.
—Tú no eres capaz.
—Hasta claro que soy capaz. “¿Cuánto te apuestas?
—Te apuesto cinco pesetas.
—De acuerdo. Mañana quedamos, cuando tu madre se haya ido al trabajo y te quedes solo con tus hermanas; pero que ellas no se enteren, porque si se enteran, al traste con la apuesta.
Y el mañana llegó —siempre se cumple que los mañanas llegan, no así los propósitos—, llegó el mañana y llegó el propósito. Colgado del muro que daba a la calle, estirándose con el fin de acortar la distancia al suelo, descalzo —para los pobres, en aquella época, hasta los zapatos eran artículo de lujo—, desnudo de cintura para arriba, José el verano se dejó caer en aquel estrecho callejón de la calle Cometa. Ganó la apuesta y se fue a su casa; cuando lo volvieron a ver lucía una notoria cojera, que se fue disipando con el paso de los días.
José el verano en lugar de quedar como un héroe, quedó  como un loco, un loco con cinco pesetas en el bolsillo, con las que podía ir al cine Torrecine y comprarse un baya-baya de fresa y un queque matajambre  en el descanso, sobrándole  dinero todavía para, en la vuelta a casa, comprar un trozo de calamar seco asado -pota, que a cualquier bicho lo llamamos calamar-, que se iría comiendo muy lentamente con el fin de que le durara todo el trayecto.

—¿Qué disparates dices, Joaquín, además de agarrado a la borrachera, vienes también agarrado a la locura? Con la muerte no se juega, y esas cosas ni en broma se dicen, que en broma son comedia, pero que cuando escapan de la broma se tornan tragedia. ¿Qué pretendes, matar de disgusto a tu pobre y santa madre? ¿Y tu novia? ¿No se te ocurre pensar en esa novia tan guapa y tan noble que tienes? ¿Qué quieres, que se quede viuda antes de casarse? Mira con que baile acantiflado vas subiendo la ladera, incapaz de mantener la línea recta por un segundo, rones llevas en la venas en vez de sangre, el alcohol hasta el cerebro te llega. Tan trajeado —no sé que es lo que celebras para andar con la ropa de lo domingos puesta—, tan trajeado digo, pero llevando los pantalones en mano, desnudas las piernas, chaqueta, camisa y corbata de mitad para arriba y calzoncillos de blanco amarillento de cintura para abajo. Que te vas a quitar la vida dices, lanzándote a la calle desde la azotea de tu casa. La vida se las vas a quitar tú a tus padres, a maestro Joaquín y a Encarnacionita. Es Dios quien decide el día y la hora de la muerte de uno, no nosotros, el que se quita la vida muere en pecado, ni por el purgatorio pasa, al infierno va, a hacerle compañía al diablo para toda la eternidad. Por cierto, hoy anda suelto el sinvergüenza ese, sin nadie que lo vigile y lo frene, porque hoy es el día del arcángel San Miguel, anda suelto para todo el mundo, para creyentes y herejes. Pero tú qué sabrás de la palabra del Señor, si después de que hiciste la Primera Comunión ya no se te vio el pelo nunca más por la Iglesia, a no ser que hubiera boda, bautizo o funeral. ¿De dónde vendrás ahora, tan de paquete?

—Vengo de un entierro, Rosarito. Se murió la bisabuela de un primo segundo de Evaristo, un conocido mío, con el que de vez en cuando juego al futbolín, me dijo que lo acompañara, y yo me lo tomé como una orden, como mandato divino; yo no voy a misa pero creo en Dios y en todos los santos. No sabe usted, Rosarito, de lo que en ese sepelio me enteré; me enteré, para desgracia mía, de quién es verdaderamente mi novia: una traidora, una ramera.

No sé si usted sabe que ella tiene un primo, nacido en el barrio de San Juan, que hace años se fue a vivir a Fuerteventura, esa alargada isla donde los pueblos son más nombres que pueblos, donde es mucha la tierra y poca es el agua, donde es mucho el Sol y escasa la sombra, donde mucha es la tunera y escaso es el árbol, donde mucho es el viento y escasa  la calma. A ese páramo, donde desterraron a Miguel Unamuno, se fue a vivir el primo de Olivia, mi novia. Resulta que, para mi desgracia, la semana pasada la vieron con él en la playa de La Laja, iban caminando cogidos de la mano, acaramelados, como si fueran suspiros de Moya, contentos y con risas iban, ellos se quedan con las risas y la alegría y yo me he quedado con la tristeza y el llanto, y con las ganas de pasar a mejor vida.

Intensa tenía que ser la lluvia de dolor que abrazaba la quebrada alma de Joaquín, intensas las heridas que en su corazón producían un torbellino de diminutos y afilados cristales, que pareciera que su discurso no fuera el de un borracho extremo sino el de un hombre con plena facultades de entendimiento, el movimiento recto de su discurso se contradecía con los vaivenes incontrolados de su cuerpo. Y es que resulta que cuando el dolor del alma, producido por un desengaño amoroso, es tan grande que llega hasta los huesos, que toca a los huesos, no se puede combatir con razonamientos ni con borrachera alguna; ese amargo dolor es como el agua, que siempre busca camino por donde escaparse, y lo encuentra.

“Coge tino Joaquín” fue lo último que Rosarito, la madre de Juan el cordobés, el futbolista, le dijo a Joaquín, para inmediatamente seguir ladera arriba, por la calle Compás, para llegar a su casa, que se alzaba en una de las orillas de la referida calle. Por su parte, Joaquín, metido en su tragedia amorosa, giró a la izquierda para entrar en la calle Cepillo, con tanto tumbo que vino a darle un aparatoso cabezazo a la puerta de Pepe el Negro, el afamado árbitro que dirigía las contiendas futboleras en el barrio, Pepe salió, y viendo el lamentable estado de Joaquín lo acompañó hasta la puerta de su casa que estaba en esa misma calle.


Los quejíos de Joaquín se oían desde la calle, y a la calle llegaba también un intenso olor a vinagre, vinagre que habían derramado por todo el cuerpo del hombre, con el fin de sanar los moretones y las magulladuras que su cuerpo había recibido tras el impacto, remedio de los de antes; la imbatible gravedad le había dado tremenda paliza al enamorado, eso sí, se compadeció de sus huesos, a los que dejó sanos, intactos. Ahora el discurso de Joaquín no salía de un ¡ay!, repetido como el tic tac de un reloj. Pobre Joaquín, dolorido por dentro y dolorido por fuera.

—No tiene nombre esta chifladura tuya, ni a Don Quijote en sus mejores tiempos se le habría ocurrido tal desatino; mira que vengo diciéndote desde que eras niño: “Coge tino Joaquín, coge tino”. Pero Joaquín, con lo grande que es, no ha aprendido todavía a coger tino.  Tino no, pero tunos sí, a coger tunos indios en la ladera sí que aprendió pronto cuando niño, y a pelearse con los otros chiquillos a pedrada limpia, también, que tienes más conejas en la cabeza que pelos en los cataplines . El disgusto que se va a llevar tu padre cuando regrese del trabajo. El disgusto que se llevó Rosario, cuando se enteró de que finalmente habías llevado adelante tu plan de suicidio. Hasta para quitarte la vida eres torpe; en la calle tenía que haberte dejado tirado, como pipa de albaricoque, para que asumieras las consecuencias de ser bobo y loco al mismo tiempo; pero claro, soy tu madre y no me queda otra que apechugar como siempre con tus inesperadas ocurrencias, que se dicen allende los mares y no se creen.
¿Cómo eres capaz de pensar que te vas a matar dejándote caer desde la azotea de esta casa terrera de pobre, que ni siquiera es nuestra? ¿Qué pensabas, que te estabas lanzando desde el último piso de la Casa el Coño? Me refiero a ese edificio tan alto que hay cerca de la playa Alcaravaneras, al que siempre que alguien lo ve por vez primera  le escupe un sonoro coño. Tirarse desde ahí si que vale la pena, te mueres y, una vez muerto, ni sientes ni padeces; y sobre todo no haces padecer más a la madre que te parió, ahogarte en la pila bautismal es lo que tenía que haber hecho yo en su momento. Mira, ya estoy igual que tú, con la lengua como caballo desbocado, diciendo disparates; bien lo dice el refrán: en la vida todo se pega menos la hermosura.
Ya me contó Rosario las razones de tu trágica y cómica proeza. ¿Quién te vino con el cuento de Olivia? Amigo mío, ahora te callas, “se nombra el pecado pero no al pecador”, te estás diciendo por dentro. No es necesario ser muy inteligente para saber que el propagador del chisme fue el hijo de Juanita la sesó, Marcelo, Marcelo el guapo, al que muchas mujeres, mujeres bobas, del barrio lo desean. No me lo pierdas al gallito, al gallito muerto hambre ese, bueno está para un caldo millo. ¿Es que todavía no te has dado cuenta de que él está colado por Olivia desde hace años? Pero Olivia , como mujer hecha y derecha que es, como mujer con dos dedos de frente, nunca le ha puesto maldito caso, porque ella de boba ni un pelo tiene, bien sabe ella que todo lo que tiene ese granuja de guapo por fuera lo tiene de feo por dentro, y bien sabe también que la belleza que va por fuera se pierde con los años, y que la belleza o fealdad, que va por dentro, con los años se acrecienta. Cuando esa pobre muchacha se entere de lo que has dicho y hecho, lo mal que lo va a pasar; para ella tú eres el único hombre que hay en este sufrido mundo; tú que estás lejos de ser guapo, tú que pareces un palomo de los que pasan hambre; ya sé que las madres ven a sus hijos como los más guapos del entero Universo, pero esas son mujeres que son solamente madres, yo soy madre y mujer con tino, y si mi hijo, como hombre, es poca cosa, por qué yo me tengo que empeñar en llevar la contraria a la tozuda realidad, si a mí todavía me cuesta creer que esa muchacha tan guapa, dulce y resuelta sea novia tuya, novia de alguien que parece un galgo sin musculatura, flaco y rebegío; una incuestionable prueba de que el amor es ciego, que lleva siendo ciego desde que el mundo es mundo, y no hay visos de la cosa cambie.
¿Por qué crees tú que el primo de Olivia hace años se fue para Fuerteventura? Porque es más maricón que un palomo cojo, es de la acera de enfrente, como se suele decir;  mucho ha sufrido por ello. Somos incapaces de admitir lo diferente, consideramos como normal y natural aquello que es abundante, y lo que es escaso lo contemplamos como lo raro, lo antinatural, lo que hay que aniquilar por defectuoso; raro es el diamante, y nadie dice de él que es una anomalía de la naturaleza. Pero la mayor parte de la gente, gente inculta y prejuiciosa, prefiere más negar que razonar, y esa negación y esa falta de razón la ha tenido que soportar durante muchos años el bueno de Alfredo, el primo de Olivia.  Él vive ahora en Betancuria, en una casa apartada del pueblo, con su pareja, un buen hombre también, allí edifican ellos, sin meterse con nadie, su felicidad; que vida nada más que hay una, en la Tierra, nada más que hay una. Olivia no te ha hablado nunca de los sentimientos de su primo por temor a que tú lo tomaras a mal, y es que ella no soporta, ni permite, que nadie se meta con su primo, al que adora desde que era niña. Fíjate tú que infidelidad la de tu novia; estarás contento. Reza todo lo que sepas y más, no te dejes ninguna santo atrás, por si acaso, hazle una promesa de las de verdad a Nuestra Patrona, la Virgen del Pino, para que esa muchacha no te mande a paseo, que es lo que verdaderamente mereces, por faltón y por desconfiado.

Revelada la verdad, las nubes negras, que ejercían su amarga dictadura en el cielo sin fin del alma de Joaquín, comenzaron a desvanecerse, tal como se desvanece un terrón de azúcar en el poderoso Atlántico. Más poderoso que el propio océano se sintió el hombre, que había recuperado casi de golpe la salud del alma; la salud del cuerpo era otra cosa; pero dejó de quejarse, no porque los dolores físicos hubieran cesado, sino porque ahora él daba por bueno a los mismos, porque, alentado por tamaña felicidad, aspiraba ahora a ser ejemplo, ejemplo de carne y hueso, del refrán que así reza: en el pecado lleva la penitencia.



 

martes, 6 de junio de 2023

Accidente celestial

 


Había hecho la competencia
a todos los santos y las vírgenes.
Cumplió cada mandamiento a rajatabla
y acudió a todas las promesas con el Cristo.
Vestía, desde hacía media vida, de lila,
con un cordón amarillo colgando del cuello
que sostenía al Hijo. Murió, murió
y nada más morirse, cuando
ascendía veloz como un rayo inverso,
directamente al cielo,
fue atropellado por un ovni.




Febrero 1983

sábado, 27 de mayo de 2023

Pasión y muerte

 

En la calle llueve,
las palomas huyen
y hacen lo que nunca:
entran todas en tromba
en la Catedral, no a rezar.
El Espíritu Santo
está que se muere, el miedo,
hasta su última gota,
se ha derramado
en su materia sin materia;
el Espíritu bien conoce
la verdad de su esencia:
una imaginación humana,
una paloma de fantasía.
Y antes de que la palomas,
de las de verdad,
se acerquen y descubran
su ser de bisutería,
brinca como puede y escapa,
volando sin saber volar,
como alma que lleva el diablo.
En la calle, un rayo
con un puñal de fuego
le atraviesa su corazón sagrado,
se desatan las llamas
y cobra vida su muerte.
Ni dios ni el Hijo
pudieron hacer nada
para salvarle, porque
no estaba escrito
que alguna vez,
en algún lugar del Universo
el Espíritu Santo tuviera
que entregar su vida
y, ni mucho menos,
que resucitara al tercer día.



marzo 1992




jueves, 25 de mayo de 2023

Mujer antigua

   


  No llevaba moño, ni peineta, pero casi. No llevaba luto, pero le faltaba poco. Sus canas escasas, estaban a la luz, y rasgaban dulcemente el color intensamente negro de su pelo. El maquillaje estaba la mayoría de las veces ausente, aunque a veces, venía y se daba una tenue vuelta por sus labios. Nada quería saber de lo que fuera emplear tiempo alguno en retocarse. Su imagen era igual a todas horas, así se ahorraba el disgusto de llevarse sorpresas negativas frente al espejo.
   Tenía el pensamiento salpicado de ideas antiguas, algunas casi desaparecidas de tan antiguas, impropias de una mujer tan joven. Su vocación era ser madre, ni siquiera esposa, tan solo ser madre, y lo era intensamente. Sus hijas se pegaban continuamente a ellas, como si formaran parte de su sobria vestimenta. “¡Doce hijos me hubiera gustado tener!”, decía siempre, con gran convencimiento. A estas alturas de siglo, que casi está ya por terminarse, es muy raro encontrar una mujer joven con esos gustos; pero bueno, lo raro tiene derecho también a su existencia. Tenía tres hijas, pero tal número le parecía escaso. Por sus actos —que, de cara a la verdad, son siempre los que tienen la última palabra—, parecía importarle mucho más ser madre que ser mujer, porque en ella se desprendía la sensación de que ambos aspectos no fueran del todo compatibles.
   Un día, un día cualquiera de un año cualquiera, me asomé a sus ojos, en silencio y a escondidas, con el único propósito de descubrirla en su interior mundo. Su alma era clara y luminosa, de caminos sencillos y sin equívocos, que llevaban siempre a alguna parte, a lugares repletos de espirituales tesoros y de belleza clandestina, belleza y tesoros que son imposible descubrir a simple vista. Encontré a una mujer antigua por voluntad propia, una mujer sinceramente antigua, que es la manera más sincera de ser una mujer moderna.
   Ser como quieren los demás que uno sea es muy fácil, no se requiere para ello trabajo alguno, ni valor alguno, ni hay que luchar internamente con la cobardía, que nos empuja constantemente a seguir la senda del rebaño. Obrar como uno piensa y siente, ser persona de firme criterio propio, vivir independientemente de modas y de épocas, ser uno y el mismo en todos los lugares y momentos, aunque uno esté completamente equivocado, exige una personalidad de carácter fuerte y firme, una personalidad  capaz de luchar hasta el cansancio para no salirse de la senda de la vida que se tiene por concepto. Es ésta una modernidad que está al alcance de muy pocos, y que aún está por llegar con plenitud a este nuestro mundo.
   Y es que las personas, como las cosas, tienen un por dentro y un por fuera, pero es nuestra costumbre, nuestra mala y maldita costumbre, de quedarnos únicamente con lo que las personas son por fuera, y es por ello que erramos una y otra vez en nuestros juicios.
   Así que el mundo, nosotros somos el mundo, es mucho más antiguo de lo que aparenta. Tanto maquillaje y perfume caro, tanto deslumbrante escaparate —somos más escaparate que otra cosa— , son una perniciosa muralla que no nos permite ver, ni oler, la cruda esencia de este nuestro mundo.



                10.05.1992

miércoles, 24 de mayo de 2023

Bisutería

 


En la fama tienen la esperanza
puesta los mediocres. Mediocres
son los hombres que están,
que están pero no son,
que vienen pero no llegan
y que, si llegan, no alcanzan.
De etiqueta, cumplidores diarios,
se empapan de mercromina
los domingos, se hacen los muertos
y disculpan la misa.
Desde mí y contra ellos,
infinitos puntos subversivos.
Definitivamente,
cuando suben a la fama
los mediocres se transforman
en poemas sin versos,
en multitudes sin nadie.


Abril 1984


sábado, 20 de mayo de 2023

Historia del hombre del tiempo muerto


 

Pensó que no era óptimo
el trozo de historia
que le había tocado. Hizo cálculos
y optó por suspenderse. Buscando,
encontró un punto en el espacio
donde el tiempo yacía muerto.
Allí, suspendido, observaba
las vueltas infinitas de la Tierra.
Y cuando el luminoso futuro
se acercó a sus ojos,
se apeó veloz del tiempo muerto,
para alcanzar la era
más brillante de la Historia.
Pero, nada más moverse, se rompió.

Junio 1985

viernes, 19 de mayo de 2023

Tragedia

 

Por una calle
de un planeta
de un sistema planetario
que no existe
transita un hombre manco
con las manos en los bolsillos.
Descalzo, con sus zapatos
puestos al revés, pisa
la cáscara invisible
de un agujero negro.
Resbala y se estrella
contra una farola sin materia.
En un instante sin tamaño,
la muerte. La muerte
de alguien que no existe,
la muerte sin lágrimas
y sin esquela.



Enero 1990




lunes, 15 de mayo de 2023

La muerte como remedio

 


 Desnudo de arriba  abajo, tal cual Dios lo trajo al mundo, Gerardo Romero, se metió en aquellas atlánticas aguas, con las bajas temperaturas propias del mes de febrero, en aquella playa, casi siempre solitaria, a la que llamaban La Laja, de arena negra y callaos; playa traicionera, que pasaba de la calma al feroz oleaje en lo que el diablo se estriega un ojo. No sabía nadar, su propósito era quitarse la vida, que el poderoso Atlántico le arrancara de cuajo la vida. Una aguda depresión causada por un mal de amores, una traición, alta traición, a su entregado y noble corazón. En repetidas ocasiones hizo fracasados intentos de hundirse, no conocía el modo de navegar hacia el fondo; a lo más tragaba un poco de agua salada, después, tos de zafarse de la asfixia y vuelta a empezar, pero no sabía nadar, no podía alcanzar un lugar en el mar con mayor profundidad. La marea, mientras este hombre estaba en los repetidos intentos de suicidio, fue cambiando de temperamento, las olas comenzaron a amontonarse; una de esas olas le metió al desesperado Gerardo un tremendo revolcón, que lo dejó sin aire  y lo condujo a un incontrolable ataque de pánico; pánico que le hizo abandonar la playa a toda carrera, dejando atrás todas sus pertenencias. Estuvo corriendo durante kilómetros hasta llegar a su barrio y siguió corriendo ladera arriba. Los vecinos que le conocían no podían salir de su asombro: ver a Don Gerardo, el ilustre Señor Profesor Don Gerardo, completamente desnudo, desencajado, con la mirada ida, andando como muñeco autómata, perdido, sin rumbo, estaba fuera del peor de los pronósticos. Los vecinos no se atrevían a ir más allá de la contemplación y del asombro, del disgusto, de la pena de ver a ese hombre tan ejemplar, tan sin pecado, tan guapo, tan buen mozo, a pesar de andar cerca de los cincuenta años, como si no fuera él, como si fuera una deplorable copia suya. Pero alguien tuvo la valentía de ir más allá de la inesperada y negativa sorpresa y dio un paso al frente, Santiago el loco, al que también llamaban el tirilla, por lo extremadamente flaco que era.
“¿Qué te ocurre Gerardo? ¿No me reconoces? Soy yo, el tirilla, el que te cuida la casa cuando te vas a pasar los días a tu casita del campo. La gente está asustada, Gerardo, si lo que tu estás haciendo lo hiciera yo, nadie se llevaría las manos a la cabeza, peores locuras he hecho,  pero tú, el hombre de ciencia, culto, ejemplar, galán a los ojos de todas las mujeres, jóvenes y maduras, que aspiran a ser enamoradas tuyas, a las que tú poco caso pones, siempre enfrascado en tu soledad, que por lo que se ve no te sienta mal; tú no puedes cometer locura tan grande, no se entiende. Mira a esas mujeres que te han visto crecer aquí desde que eras niño, como están llorando; por mí nadie llora, donde más lejos llegan es a decir: ahí está el tirilla con una locura nueva, vestido va con sotana diciendo que ahora él es el nuevo párroco. Vamos para mi casa, te prepararé alguna bebida caliente y pan calentito con mantequilla, pronto llegará la noche, y por lo que se ve creo que es necesario que duermas, que después de un reparador sueño el mundo cambia; seguro que ese sufrimiento que tanto te aflige aparecerá menos intenso cuando haga presencia la mañana”.
Durmió Gerardo Romero de un tirón, lo que nunca, y cuando despertó se encontró a Santiago el loco haciendo guardia, apenas despierto le volvió la pena, el dolor que atraviesa el alma pero que no puede ser localizado en parte alguna del cuerpo, dolor que te raciona el aire, como se racionan los alimentos en época de guerra,  dolor que te empuja al incontenible llanto.
“No quiero seguir viviendo, Santiago, mi niño. Tú dirás que me he vuelto loco, pero yo envidio ahora tu locura, tu sana locura, envidio tu vida despreocupada y materialmente sencilla, envidio esta modesta casa tuya, envidio el que te dé lo mismo lo que los demás piensen de ti. Fíjate tú, cómo andaré yo de hundido, yo profesor de literatura, actor y director de una Escuela de Teatro, que ahora mismo, con los ojos cerrados, me cambiaría por ti; es grande el sufrimiento que me encarcela en la desesperación y en los callejones de la vida sin salida.  Ayer intenté acabar con mi vida, entregándome al gran océano que baña a nuestras islas, en la playa La Laja, la playa de cuando éramos niños, la playa en la que estuve a punto de ahogarme pocos meses después de haber hecho la Primera Comunión. Nunca entendimos qué cosa era esa de la Primera Comunión, pero la hicimos; yo iba vestido de marinero raso y tú de militar de alta graduación, un mes estuvo tu madre repartiendo estampitas por las casas, en algunas hasta repitió, algún dinerillo consiguió, perras, pesetas, duros y medios duros, para seguir siendo pobre igual. Por culpa de no saber nadar no pude ir lejos, Santiago, mi niño, donde la profundidad y el abatimiento no me dejaran escapar, donde el mar bravo o en calma me echara manos al cuello y me librara de este sufrimiento que me llega a los huesos. Deberíamos tener un grande y caudaloso río, y un alto puente desde donde uno tirarse, ahí si que no hay escapatoria, no hay tiempo de amedrentarse, la muerte inmediata, antes de que a uno lo atrape el pánico; pero la realidad es que no sé nadar y que no tenemos río, ni grande ni chico, solo algún barranco cuando llueve mucho. Ahora vengo yo a entender a aquellos que acabaron con su vida, para luego ser juzgados injustamente por los demás, por aquellos que desconocen los dolores del alma, dolores para los cuales no hay calmante alguno”.
“Mira Gerardo, mi locura, mi comportamiento nervioso y desbocado que me caracteriza desde niño, tú bien sabes que no tiene tratamiento alguno, así soy y así moriré. Tengo esta humilde casa, más no necesito, ni más quiero, con la pequeña paga que me da el gobierno y con la comida que mi hermana me trae todos los días bien me las apaño. Pero lo tuyo es diferente, tú necesitas un psiquiatra, o un psicólogo, no sé, yo no entiendo mucho de esas cosas, pero por lo que oigo y por lo que veo en la tele, tú necesitas algún entendido en problemas de la mente, que aunque vengan del corazón siempre terminan yendo a parar a la mente.”
Gerardo Romero, siguió el consejo de su amigo de la infancia, que, como Don Quijote, era capaz de, entre locura y locura, lanzar los pensamientos más atinados. Unos meses de tratamiento y de estancia sana en su casita del campo le devolvieron las ganas de vivir y su semblante de galán de siempre; regresó al barrio, se incorporó a su trabajo como docente y a la actividad teatral, devolviendo la alegría a sus vecinos, y volviendo a ser el ilustre Señor Profesor Don Gerardo Romero, hijo de la difunta Mercedes Milán  la costurera y del difunto Marcelo Romero el comerciante.