Mostrando entradas con la etiqueta Estética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Estética. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de abril de 2025

El Arte Literario (2)



Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
                                                               Jorge Luis Borges

Si observamos detenidamente este fragmento de poema, descubriremos que se va más allá de la simple rima, se va a la reiteración de la palabra, no a la reiteración de la última sílaba de la palabra, que es como se produce la rima.
Lo más básico para la creación de la Forma es la regularidad. Dice Hegel: “La regularidad es la repetición igual de una y la misma figura determinada que provee la unidad determinante para la forma de los objetos”.
 

Vamos a desmenuzar este pensamiento de Hegel con el fin de entenderlo atinadamente. Parece redundante cuando se dice “repetición igual”, pero no lo es. En la imagen se muestra una repetición igual y otra desigual de una y la misma figura determinada; la figura determinada es en este caso el triángulo.
Vamos ahora con “proveer la unidad determinante para la forma de los objetos”. Le damos la palabra nuevamente a Hegel: “El cubo es un cuerpo de todo punto regular. Por todos los lados tiene superficies de igual tamaño, líneas y ángulos iguales, ángulos que, en cuanto rectos no son susceptibles de alteración en su tamaño, como ocurre con los agudos y los obtusos”. ¿Quién provee la unidad determinante para la forma del cubo?: La regularidad de sus caras, la regularidad de sus aristas y la regularidad de sus ángulos. 

Hablamos pues de la unidad en la forma: la regularidad crea unidad en la forma.
Pensemos en la Música. ¿Cuál es una de las carencias de la música comercial que, por otra parte, conduce a sus productos a ser efímeros?: La extrema regularidad.
Pensemos en la Poesía. ¿Por qué nos dice poco, por qué no alcanza nuestra alma esos poemas que lo único que tienen de poesía es una empalagosa rima y un cúmulo de imágenes literarias hartamente forzadas?:  Por un lado, la extrema regularidad que proporciona esa empalagosa rima y por otro lado la dispersión de imágenes literarias que no contribuyen a crear la unidad en la forma. Por eso es importante saber que Forma es Contenido, o que no cualquier contenido genera una Forma merecedora de ser calificada como Artística.
 

La disposición de estos versos, atendiendo a su final, es simétrica. La Simetría va un paso más allá que la mera regularidad, introduciendo diversidad en la regularidad. En la Regularidad lo diverso no asoma todavía, en cambio, en la Simetría ya asoma lo diverso.


En palabras de Hegel, la Forma es la regulación de lo externamente múltiple. Esa regulación tiene cuatro niveles: Regularidad, Simetría, Conformidad a Ley y Armonía. Se va de lo más abstracto a lo más concreto, esto es de lo menos diverso (menos determinaciones) a lo más diverso (más determinaciones).
 

Veamos un ejemplo de Conformidad a Ley. Los tonos que produce el accionar las teclas blancas de un piano constituyen la escala mayor de Do. Para conformar la escala mayor de Re, por ejemplo, es necesario repetir la misma sucesión de tonos y semitonos que se da en la escala mayor de Do; es necesario usar alguna de las teclas negras del piano. Esto es una ley del sonido musical, que actúa independientemente de nuestra voluntad. El músico compositor, sometiéndose a ella, puede crear una pequeña obra musical basada en la escala mayor de Do, pero que en algún momento cambia a la escala mayor de Re, para luego volver a la escala mayor de Do. Ese cambio de una escala a otra —no cabe aquí explicar cómo puede realizarse ese cambio manteniendo la unidad en la forma- es un movimiento de la regularidad (mantenerse en una sola escala) a una mayor diversidad que aporta la Conformidad a Ley (pasar a otra escala). La Música es el arte que más sometido está a la Conformidad a Ley.
 

La Armonía. Este es el nivel superior para la consecución de la unidad en la Forma: La Unidad Diversa. Armonía es la unidad que se construye a partir de lo distinto. Volvemos a las teclas blancas del piano, a la escala mayor de Do. Tocando tres teclas distintas se obtiene un acorde, pero no todos estos acordes constituyen una armonía. Por ejemplo: Tocamos el acorde Do-Mi-Sol, sentimos una unidad, una armonía. Tocamos el acorde Do-Fa-Sol, no sentimos una unidad, no sentimos una armonía.
 

Así como la Música no puede existir sin Ritmo, la Poesía tampoco; incluso la prosa no puede desprenderse del todo del Ritmo. El Ritmo es un aspecto que contribuye enormemente a la producción de la Forma Literaria, lo mismo que a la Forma Musical.
Hay poesía que está tan imbuida en el Ritmo que al recitarla parece directamente música. Un fragmento de un poema de Nicolás Guillén nos sirve de ilustración.
 

¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambo sobre un pié.
 

De manera intuitiva se puede  apreciar que este tipo de poesía va directamente a la piel, a lo sensible, mientras que el tipo de poesía que hemos mostrado de Borges va de manera no directa, no inmediata, al pensamiento. 

Con los versos de Guillén se queda uno sintiendo, tentado a mover la cintura, por el contrario, con los versos de Borges se queda uno pensando, quieto y pensando. Estos versos de Guillén es lo sencillo sin fondo, no hay separación entre Forma y Contenido; mientras que los versos de Borges es lo sencillo con fondo, donde si hay separación entre Forma y Contenido.
 

La Regularidad tiene mucha mayor presencia en la palabra de Guillén que en la palabra de Borges. Podemos decir que esta poesía de Guillén es más abstracta que la poesía de Borges. Recordemos que abstracto significa tener pocas determinaciones y concreto significa tener muchas determinaciones. La semilla de un manzano que comienza a germinar es mucho más abstracta que el propio manzano como tal. El paso de la semilla de manzana al manzano que ya produce frutos, es el paso de lo abstracto a lo concreto.
 

“Yambambó, yambambá, yambambú, yambambé”
 

Con esta regularidad rota siempre al final de la onomatopeya, se crea esta Forma, este Ritmo. Ese cambio se da también de una manera regular: unidad en la forma.


“Congo solongo del Songo,
Songo congo, congo Songo,
Songó.
 

Leído sin interrupción sentimos la intensidad del ritmo, el acento situado siempre en la primera sílaba (regularidad), menos al final que el acento se mueve a la última sílaba.
Tenemos un elemento más sobre el que actuar para la consecución de la unidad en la forma: la acentuación de las palabras.
 


congo, solongo, tamba,
congo, solongo, tamba, tamba.
 

Mientras recitamos de forma repetida (sin pausa, como el tic tac de un reloj) golpeamos en una mesa en simultaneidad con el comienzo de la palabra que aparece en color. Sentiremos la irregularidad de la acentuación, sentiremos un ritmo sincopado.
 

Nos detenemos aquí, hasta la próxima entrega.

domingo, 6 de abril de 2025

El Arte Literario (1)

 

Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

                                                              Jorge Luis Borges


Lo más complejo en la producción artística es la forma; es lo más complejo y lo más complicado de alcanzar. Esta afirmación no es producto de reflexiones arbitrarias y caprichosas realizadas sobre una actividad, la producción artística, que es ajena a mí, todo lo contrario, es fruto del pensar sobre mi larga y dilatada experiencia  en el mundo de la creación artística. No me he limitado a crear, he ido más allá, he dedicado, además, largo tiempo a conceptualizar la propia actividad práctica de la creación, que yo concibo como un hacer pensando y un pensar sin dejar de hacer. En la producción artística no me guían las fórmulas, los clichés, sino los conceptos; al mismo tiempo que voy creando, voy conceptualizando.
En el mundo de la creación literaria, en cuanto al asunto de la Forma, son multitud aquellos que carecen de la capacidad de ir más allá de lo meramente formal, se limitan a copiar eso formal, a copiar eso que está al alcance del entendimiento de todo el mundo. Entendimiento no es lo mismo que conocimiento.
Pero la Forma no se compone de lo formal, en todo caso se une a lo formal, se apoya en lo formal, para desplegarse. Pensemos en una melodía popular que ha permanecido viva durante siglos en gracias  a la tradición; esa melodía tiene una forma, forma que nunca fue pensada, pero que tiene que ser pensada si un compositor pretende hacer una obra musical partiendo de esa simple forma . La melodía popular tiene también un orden formal que la iguala a otras melodías; pensemos, por ejemplo, en las melodías venezolanas, llamadas aguinaldos, que tienen unos rasgos comunes, de carácter rítmico sobretodo, que las iguala. Mientras el público las escucha en su tradicional forma las sigue sin apenas esfuerzo mental, pero cuando se las presenta fuera de su ser tradicional, simplemente acompañadas de una manera distinta a la tradicional, su escucha se hace más costosa, precisa de un esfuerzo mental mayor. Lo formal es un cauce, pero no es un río, el río lo da la forma.

En el fragmento de poema expuesto al principio, lo formal viene determinado por la extensión de sus versos y el cómo éstos se ordenan según la rima: A B B A.  Si nos limitamos a lo formal, cualquier aficionado a la escritura puede igualarse a Borges; pero si vamos más allá de lo formal y nos adentramos en la Forma, está muy complicado igualarse a Borges.
Forma es Contenido o es consecuencia de un determinado contenido; no cualquier contenido es apto para la consecución de la Forma. Cuando digo Forma, no digo Forma en abstracto, digo Forma en concreto: Forma Artística. Lo siento por la persona que, llamando por teléfono, participa en un programa radiofónico y lee para la audiencia un poema de su autoría, que ella dice que emana de su corazón. Pero el corazón no sabe producir un poema con verdadera forma artística, tal capacidad no viene del corazón, ni viene del cielo, sino que proviene de un espíritu artístico producido a base de muchos años de estudio y de actividad práctica creadora, donde hay que incluir los frutos defectuosos de esa actividad y a los que, el verdadero artista, les niega la vida, y deja que se descompongan en la oscura y silenciosa papelera.

Lo que de manera inmediata nos dice este fragmento de poema es que la forma literaria no se construye en base al uso y abuso de palabras raras, que existen mayoritariamente en los silenciosos renglones de los diccionarios; tampoco en base a expresiones complicadas y retorcidas que ni el que las escribe entiende. Contrario a eso, el arte literario consiste en crear una forma en base a las palabras y expresiones de la vida cotidiana, palabras y expresiones dispuestas de tal modo que, bajo esa disposición, bajo  esa forma, no se encuentran en la vida cotidiana. La vida cotidiana nos proporciona lo prosaico, el arte convierte eso prosaico en materia literaria. La naturaleza proporciona arena y agua, lo prosaico, el escultor devuelve la unión de ambos elementos en forma de arte, al que llamamos escultura.
En la próxima entrega nos detendremos en los versos de Borges, profundizaremos los aspectos de la forma y del ritmo.

martes, 6 de febrero de 2024

Arte y observación

 


 Un artista no observador es una contradicción en el adjetivo. Una contradicción en el adjetivo es, por ejemplo, un círculo cuadrado, si es cuadrado no es círculo. El artista puede pasarse tiempo sin crear, tiempo que incluso pueden ser años, pero no puede pasarse tiempo alguno sin observar. La observación es una herramienta para el artista, observación que se hace cada vez más aguda si es que esta se practica, y cuanto más aguda es la observación más se desarrolla el lado sensible, que tanto necesita el hombre o la mujer que al arte se dedica. La aguda observación le da también al artista, sobre todo en la esfera del arte literario, materia natural, no artificiosa, a la que darle forma; le da como mínimo un punto de partida. A propósito de este importante asunto, paso a darles a conocer este pequeño y real relato.
En el camino que va de mi casa a la playa, el camino más corto, paso siempre por una muy pequeña plaza, donde hay una parada de guaguas; en la marquesina de esta parada, en un lateral, se muestra un amplio cartel publicitario, que va cambiando de contenido a cada cierto tiempo. En una ocasión el cartel mostraba una modelo —no recuerdo que es lo que se publicitaba— en un primer plano y que parecía mirarte fijamente a los ojos; la sensación que en uno brotaba era que aquella bella mujer solo tenía ojos para aquel que la estaba mirando y por momentos uno quedaba como esclavo de aquella profunda y bella mirada, mirada de ojos intensamente negros. Sucedió que un día cuando yo estaba pasando al lado de la mujer de mirada cautivadora, pasaba también un pareja, hombre y mujer, de poco más de cincuenta años, calculo yo, y escucho que el hombre le dice a la mujer: “Fíjate bien en esta mujer de la foto, parece que lo sigue a uno con la mirada”. Yo ya había sobrepasado el lugar donde la foto publicitaria estaba, pero se quedó rondando  en mi siempre inquieta cabeza la observación de aquel hombre. Al día siguiente, de camino nuevamente a la playa, me puse a observar con mayor atención a la mujer de los ojos negros y comprobé que era completamente cierto que me seguía con sus ojos,  y parecía  que me estuviera viéndome por dentro.

martes, 29 de agosto de 2023

Estudio de color

Estudio de color en Las Señoritas de Avignon, de Pablo Picasso.

Partiendo del color de la figura central, se juega con la armonía complementaria y la doble separación complementaria.

A partir de esa estructura se consiguen múltiples tonalidades por medio del aspecto de la luminosidad.



Por David Campodarve

sábado, 1 de octubre de 2022

Unidad en la diversidad

miércoles, 22 de junio de 2022

El oficio de escritor

 



Dice Igor Stravinsky en Poética Musical que la composición musical es un resolver problemas; se puede afirmar lo mismo para la producción de arte literario. Pero, que quede claro, para resolver problemas, hay que tener primero la capacidad de reconocer los mismos; el primer problema a resolver, pues, en la arte de la producción literaria es el reconocimiento, el descubrimiento, de problemas que emergen inevitablemente en el transcurso de la creación literaria. Veamos un ejemplo, en la Poesía un aspecto fundamental a elaborar es el ritmo, al ritmo contribuye la rima, pero el ritmo va mucho más allá que la simple rima. Para el control del ritmo debemos saber qué aspectos del verso hay que mover y ordenar para la obtención de una sucesión de palabras y versos, un ritmo,  que lleven al poema a avanzar dinámicamente siempre hacia adelante. Si no se sabe todo esto, el escribir tiene como resultado lo carente de elaboración artística, lo carente de profundidad literaria; lo que significa pretender sustituir la elaboración literaria por la mera intuición, por la improvisación. Cuanto más ciencia menos intuición.
Un problema fundamental, el más difícil de resolver, es saber de qué escribir. Cuando ese problema está ya resuelto para el escritor más experimentado, viene el problema de cómo escribir sobre cualquier cosa, pero de manera tal que genere interés y emoción al lector. Para la resolución de estos dos problemas, el saber de qué escribir y el saber escribir sobre cualquier cosa, es esencial que el escritor tenga una alta capacidad de observación, capacidad esta que ha de estar permanentemente activa, hasta en sueños. El verdadero artista está siempre al acecho, nunca descansa, siempre persiguiendo descubrir acontecimientos, situaciones, que sean una oportunidad para la generación de arte literario. Arte y carencia de capacidad de observación es una combinación no posible en la actividad creadora de arte, es la cuadratura del círculo, es una perenne utopía. La persona que carece de capacidad de observación, tiene un defecto que lo imposibilita para el arte literario; al igual que la persona que padece de una dolencia cardiaca tiene un defecto que lo imposibilita para el atletismo. En toda actividad hay siempre unas condiciones que sin el cumplimiento de las cuales no puede acometerse esa actividad. Dentro de la capacidad de observación de los acontecimientos de la vida cotidiana hay que incluir la capacidad de observación y de análisis de las obras de los maestros. Si estudio un poema de Borges, por poner un ejemplo, tengo que descubrir, mediante la observación y el análisis, el cómo se produce el paso de la forma prosaica —la forma en la que nos expresamos en la vida cotidiana- a la forma literaria. La observación y el análisis de las obras literarias magistrales y la experiencia continuada de escribir es lo que finalmente nos convierte en verdaderos escritores. También es necesaria la capacidad de observación y de análisis para descubrir las fallas de una mala producción literaria, si se carece de esa capacidad los defectos en nuestra creación literaria van a estar siempre presentes.
Un problema que todo escritor que se precie ha de tener resuelto antes de acometer la creación literaria, es el de tener la capacidad de expresarse, en el día a día, con claridad y con orden: decir mucho con poco. Antes de narrar de forma literaria está el narrar de forma prosaica —narrar una cosa tan sencilla como, por ejemplo,: “No me vendieron en la farmacia un medicamento porque fui sin la receta pertinente, que dejé en el propio despacho del médico que me atendió”—, y en ese narrar prosaico es fundamental exponer el máximo número de detalles, porque cuanto más detalles, más sólida será la base de la que parte mi representación en forma de narración literaria. Surge de aquí otro problema, el problema de resolver adecuadamente la correspondencia entre lo representado y la representación. Si, por ejemplo, intento narrar de forma literaria una situación dramática pero lo hago de tal manera que llevo al lector a la risa, estoy demostrando que una cosa es lo que yo creo que estoy representando y otra es lo que verdaderamente estoy representando.
Otro problema a resolver es el cómo dar hechura literaria a lo más mundano, consiguiendo que se produzca una diferencia notable entre eso mundano que se representa y la representación misma, que se produzca una clara diferencia entre aquello que es de la vida cotidiana y su representación artística literaria; la mera copia de la realidad existente no es verdaderamente arte. Pongamos un ejemplo tomado del arte pictórico, quiero crear un pintura donde se representa una manzana que yace sobre una pequeña mesa. Vamos a centrarnos en la manzana: el arte no está en reproducir una copia fidedigna  de la manzana que va a ser objeto de representación, sino de conseguir una manzana distinta —luz, color, disposición espacial, proporción  y forma— que merezca el nombre de producción artística. No nos interesa la belleza natural de la manzana real, sino que nos interesa la belleza artística de la manzana ideal; la primera manzana existe para la satisfacción de una necesidad material, mientras que la segunda manzana existe para la satisfacción de una necesidad espiritual.
Está también el problema de la sensibilidad artística, que tiene como fundamento el cultivar los sentidos en general. La persona que no cultiva sus sentidos, que no es capaz de emocionarse ante los objetos y acontecimientos del mundo real —una bella puesta de sol, por ejemplo— ni de emocionarse ante los objetos del mundo ideal del arte en general, no puede producir emoción por medio de sus creaciones, porque lo creado es puramente intelectual, donde lo sensible está siempre ausente. Lo puramente intelectual puede servir para las matemáticas pero no para el arte; las leyes en el arte están limitadas siempre por el lado sensible; un mismo tema puede ser abordado por dos escritores diferentes con resultados muy distintos, y a pesar de eso distinto,
estar esos resultados  a la par en belleza artística.
Está también el problema de cómo generar crecimiento en la forma a partir de lo que se va creando, descubrir hacia donde debe dirigirse el producto literario que se está gestando; una creación literaria no existe de antemano, es habilidad creativa del escritor el descubrir en lo ya escrito las posibilidades de su desarrollo. El artista no capaz pretende siempre que aquello que va a producir bajo la forma literaria exista de antemano en su cabeza; pero si existe ya en su cabeza no necesita ser creado.
Por último me voy a referir a algo tan importante como es el tener conceptos. La persona que tiene conceptos controla el arte que produce, es un creador libre; la persona que carece de conceptos es controlado por el arte que produce, es un enajenado, que es esclavo del arte que produce. El poseedor de conceptos está capacitado para la producción de un arte profundo, por el contrario, el que carece de conceptos solo puede generar un arte superficial, que pronto es arrasado por la Historia, no es producción espiritual que forme parte de la Historia del Arte.

viernes, 28 de abril de 2017

Crear es Negar


Crear es negar, y crear es negarse. Recientemente hemos estado enfrascados en la confección del logo de MEMVUS. Primeramente se encargó a unos jóvenes alumnos la confección del logo, fue seleccionado el que parecía más apropiado, y comenzó la lucha. El logo aparecía como negación de la M con la que habitualmente nos encontramos en la escritura; primera negación. La figura del logo se componía de un conjunto de triángulos dispuestos de tal manera que hacían aparecer una inconfundible M. Todo el mundo estaba muy contento con el logo menos el que escribe -yo siempre a la contra para no perder la costumbre-. Para no ir totalmente a la contra mantuve la forma del logo, pero pasé del blanco y negro al color; segunda negación. Mis colores no gustaban del todo, y comenzó una hilera de negaciones que giraban todas en torno al color; seguíamos en la segunda negación. No contento con los resultados di un paso más radical e hice desaparecer la forma y, junto a ella, los colores que la acompañaban, creé  un nuevo logo donde lo que permanecía era la M; tercera negación. Me dijeron que el logo parecía un logo propio de prendas deportivas, no era un asunto del color, era un asunto de la forma; hasta ahí llegó la vida de la nueva propuesta de logo. Elaboré un nuevo logo donde aparecían ahora la M y la V, la M de forma más concreta y la V  de forma más abstracta, tercera negación. Con el fin de dar mayor dinamismo al logo, hice que la parte inferior del logo apareciera con cierta inclinación; cuarta y última negación.
Aquí podemos observar como el proceso de creación es al mismo tiempo un proceso de negación, de negación positiva: en el lugar de una primera cosa aparece luego una segunda cosa más elaborada. La rueda de un coche actual es la negación de la rueda de un primitivo carromato, pero no es la desaparición de la rueda, es una negación positiva. Al negar lo primeramente creado me niego a mi mismo, niego mi capacidad primera y la sustituyo por una capacidad más elevada. Cuanto más elaboración doy a lo por mí creado, cuanto mas negaciones llevo a cabo, no solamente consigo un producto espiritual más bello y elevado, sino que además estoy negándome de continuo y, por tanto, estoy continuamente elevándome. Crear es negar, y crear es negarse.

sábado, 30 de mayo de 2015

Arte y Realismo


De la tierra del gigante Hegel vengo, Alemania. Una joven muchacha, alumna de dos profesoras que estudian con mi método de educación musical y pensamiento, participó en el Jugend Musiziert, dentro de la categoría “Musicales”. El musical elegido, parte del mismo, fue West Side Story de Leonard Bernstein. El jurado señaló dos cosas negativas de la ejecución del musical: (1) No resulta creíble que una joven pobre de Puerto Rico pueda bailar como si hubiera recibido una alta educación en la Danza. (2) El monólogo final es muy filosófico para que pueda ser dicho por una joven pobre de Puerto Rico. Resulta muy frustrante que un largo y elaborado trabajo de muchos meses, el realizado por la alumna y por sus profesoras, sea juzgado en un santiamén por un jurado que tiene un concepto del arte tan superficial, tan vulgar y tan pueblerino.
Ante esta crítica lo que en primer lugar hay que señalar es que tal crítica afecta al contenido del libreto del musical en cuestión, y no a la interpretación del mismo. Lo que se ha de juzgar es la interpretación y no la creación.
El intérprete de un Musical se enfrenta a tres disciplinas artísticas: Canto, Danza y Teatro. Si seguimos la lógica de este jurado, la de que no resulta creíble que una joven pobre de Puerto Rico pueda bailar como si tuviera una alta educación en Danza, tampoco resultaría creíble que cantara como si tuviera una alta educación en Canto y que actuara como si tuviera una alta educación en Teatro. La lógica de este jurado es la lógica de la dictadura de lo absurdo; digo dictadura porque el que juzga sin saber, dando premio o negando premio, hace un ejercicio de impune dictadura. Este jurado, de profunda y escandalosa ignorancia, confunde la realidad social del personaje con la capacidad artística del intérprete, capacidad que cuanto más grande sea mayor será su calidad como interprete.
Dice Hegel que el concepto vulgar que del arte se tiene es que cuanto más fielmente el arte copia la realidad más elevado es. Este es el concepto que este jurado tiene del arte, a las pruebas me remito. Si el arte tuviera como lo más elevado copiar fielmente la realidad, llegaríamos al inevitable resultado de que el Original (la realidad) sería siempre superior a la Copia (el arte), la existencia del arte, entonces, carecería de sentido. El arte es arte porque supera con creces a la realidad, colocando junto a esta realidad algo distinto a ella. El arte es arte en la medida que supera la superficie de la realidad y penetra en su profundidad.
Pensemos, por ejemplo, en El Quijote de Cervantes, en el momento en que un cabrero cuenta la historia del desgraciado en amores, Grisóstomo, una historia contada en elevado arte literario, tanto en el contenido como en la forma. Si nos guiáramos por el vulgar concepto que del arte tiene el referido jurado tendríamos que desechar esta parte del de El Quijote y, ya puestos, tendríamos que desechar El Quijote entero. El verdadero arte literario no consiste en reproducir fielmente el cabrero de la época donde se sitúa El Quijote, sino que consiste en crear un cabrero, el de la obra literaria de El Quijote, que sea distinto al cabrero de la realidad y que se eleve por encima de éste. Está el cabrero de la realidad y está el cabrero de la Literatura, si ambos fueran lo mismo ¿qué sentido tendría el arte de la Literatura? Lo mismo cabe plantearse para todas las artes.