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martes, 9 de mayo de 2017

Restaurante de lujo


En un tertulia televisiva un chef de la élite se defiende de la acusación de que en su restaurante así como en otros pertenecientes a chef famosos, restaurantes de lujo, se explotan a jóvenes cocineros en práctica: carecen de contrato y carecen de salario. Trata este hombre de vender la idea, vieja y trillada idea, de que estos jóvenes cocineros están yendo a aprender a restaurantes de vanguardia, junto a un chef de primera fila, por lo tanto, deben estar agradecidos y permanecer con la boca cerrada. Uno de los afectados aparece denunciando el hecho, sin que se vea su rostro; el chef que participa en la tertulia se queja del anonimato del denunciante: “hay que ser valiente y dar la cara”. La valentía a denunciar abusos, sobre todo en épocas de crisis, en el mundo laboral está en proporción directa a la posición de clase: están los que trabajan para este chef y está él, ellos están del lado del trabajo y él está del lado del capital; el capitalista vive en la libertad, porque es dueño de medios de producción, el trabajador vive en la necesidad, porque carece de estos medios, la única propiedad que tiene es su fuerza de trabajo; por eso se ve obligado, día tras día, a vender su fuerza de trabajo al capitalista, a no ser que quiera despedirse de este mundo, renunciar a seguir viviendo, renunciar a seguir viviendo como esclavo asalariado. En el restaurante del referido chef una comida puede salir a 400 euros por persona. Este chef al referirse a este hecho, manifiesta su descontento cuando lo critican por este lujo que supone pagar 400 euros por una comida habiendo tanta pobreza como hay en España, y dice: “si por no tener un restaurante de lujo se acabara la pobreza en España, yo dejaría de tener un restaurante de lujo”. De este modo tan frívolo, carente de la más mínima sensibilidad social, despacha este hombre la tremenda injusticia social que representa el hecho de que en el mismo país, España, donde se  puede pagar por una comida 400 euros, uno de cada tres niños españoles viva bajo el umbral de la pobreza. La ideología capitalista es así, se ha opuesto secularmente a que la pobreza extrema tenga nada que ver con la riqueza extrema. El 22 % de la población española vive en riesgo de pobreza y vive con menos de 8.000 euros al año, 666 euros al mes. ¿Cuando podrá una de estas personas extremadamente pobres comer en el restaurante de lujo de este afamado chef? Y las personas que trabajan para él, ¿cuando podrán comer en su propio restaurante? Lo que los trabajadores de este restaurante producen socialmente este chef, en calidad  de capitalista, se lo apropia individualmente; así es la propiedad privada capitalista, la propiedad privada basada en el trabajo ajeno. Estas tertulias televisivas son extremadamente superficiales y repugnantemente frívolas; incapaces de mostrar con meridiana claridad que el referido chef no está ahí en calidad de cocinero, sino en calidad de capitalista, de persona que se apropia de trabajo ajeno. Tanto que levantamos en occidente la bandera de la libertad de expresión, se demuestra  que una y otra vez la ideología que libremente se expresa es la ideología capitalista, la ideología que defiende la esclavitud del trabajo asalariado, la ideología que defiende la propiedad privada basada en el trabajo ajeno.

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