lunes, 15 de agosto de 2016

Del Mundo de Don Quijote (1)


El ama y la sobrina de Don Quijote intentan por todos los medios que Alonso Quijano no salga por tercera vez en busca de aventuras de caballería, a la vista de cómo llegó en las dos ocasiones anteriores, la primera lleno de machacaduras y la segunda encerrado en una jaula de madera con el tino en no se sabe  qué parte del universo conocido. Le pregunta el ama al hidalgo Don Quijote si no hay caballeros en la corte, y éste le dice que sí, que hay muchos, y que es razón que los haya , para adorno de la grandeza de los príncipes y para la ostentación de la majestad real. El ama le dice, entonces, que por qué no se queda tranquilo en la corte sirviendo al rey; esto es lo que el Caballero de la Triste Figura le responde: “Mira, amiga, no todos los caballeros pueden ser cortesanos, ni todos los cortesanos pueden ni deben ser caballeros andantes: de todos ha de haber, y aunque todos seamos caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque los cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, se pasean por todo el mundo mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecer calor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros, los caballeros andantes verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, de noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros mismos pies, y no solamente conocemos a los enemigos pintados, sino en su mismo ser.”
Los caballeros de la corte son sólo caballeros andantes en teoría, por eso no pueden ser verdaderos caballeros andantes. Los caballeros cortesanos viajan sin moverse, van de un país a otro por medio de la simple visión de un mapa, sin coste alguno; no saben lo que es padecer calor ni frío, no saben lo que es padecer hambre ni sed. Los caballeros cortesanos lo que conocen de el enemigo es solamente su pintura, no lo conocen en carne y hueso.
Pienso en aquellos que lo que hacen lo hacen sólo en la teoría, donde todo sale a pedir de boca, donde no se conocen el fracaso ni la derrota, donde todo el mundo es bueno y no hay enemigo por ninguna parte, donde no existe el conflicto y todas las relaciones están dominadas por la cortesía, donde todo son éxitos y reconocimiento social, donde se puede escribir la novela perfecta, la sinfonía perfecta, donde la crítica no nos incomoda porque no existe, donde no padecemos sacrificio ni sufrimiento, donde se duerme sin sobresaltos ni miedo, donde las pesadillas nunca nos visitan, donde no hay peligro y la seguridad es una eterna compañera, donde nos creemos invencibles, invencibles porque tenemos el sistema de nuestra parte, porque somos el sistema. En el mundo de la producción espiritual, la filosofía, la literatura, el arte, son muchos los caballeros cortesanos y pocos los caballeros andantes; los primeros son los laureados y reconocidos por el poder vigente y la oficialidad, los segundos batallan en todos los frentes en medio de la inmensa soledad.

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