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viernes, 25 de julio de 2014

Encomienzo

Me viene a la memoria un famoso jugador de fútbol al que sus compañeros de equipo llamaban filósofo, no porque fuera verdaderamente un filósofo, sino porque este buen hombre era tendente a la reflexión. El pensamiento reflexivo llama siempre la atención allá donde quiera que va; luce como un diamante, diamante, digo, por lo mucho que escasea. En nuestra sociedad, la sociedad que domina en el amplio mundo, estamos demasiado acostumbrados a elaborar nuestros juicios y conclusiones a partir del mundo de las apariencias, nada o poco sabemos acerca de las esencias. Desde el punto de vista material, del consumo, somos seres sin mesura, seres permanentemente insatisfechos; pero desde el punto de vista espiritual, esto es, del saber, somos seres brutalmente sobrios, nos conformamos y estamos permanentemente satisfechos con lo poco. La filosofía, hablando en general, nos ayuda a ir más allá de las apariencias y llegar a las esencias con fin de poder alcanzar lo verdadero. A continuación voy a poner un ejemplo donde se muestra en acción el modo de saber filosófico. Este ejemplo lo he aprendido de mi maestro en el arte de la filosofía Francisco Umpiérrez Sánchez.
Al amanecer vemos el Sol aparecer por el este y al atardecer ocultarse por el oeste. De este hecho el hombre durante siglos y siglos dio por verdadero que el Sol giraba alrededor de la Tierra. Hace ya mucho tiempo que el hombre tiene la certeza que es la Tierra quien gira alrededor del Sol. A partir de esta certeza creemos ahora tener absolutamente claro que lo que vemos, el Sol aparecer por el este y desaparecer por el oeste, se ha quedado fuera de lo verdadero, y que lo único verdadero es que la Tierra gira alrededor del Sol. Veamos las cosas más de cerca.
Antes que nada debemos distinguir la cosa que se manifiesta (la esencia) de su manifestación (la apariencia). La cosa que se manifiesta es el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, su manifestación es el Sol apareciendo por el este y desapareciendo por el oeste. Lo verdadero, pues, es que el movimiento de la Tierra alrededor del Sol se manifiesta como movimiento del Sol alrededor de la Tierra. Podemos decir lo mismo de otro modo: Distinguimos la cosa que se expresa de su modo de expresión. La cosa que se expresa (la esencia) es el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, su modo de expresión (la apariencia) es el movimiento del Sol alrededor de la Tierra.
Esto que acabamos de exponer es un fruto del modo de saber de la Filosofía Dialéctica. El modo del saber filosófico dialéctico es lo que deseamos conquistar en nuestra actividad de estudio. Que así sea.


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